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Ejercicio, Anorexia y Bulimia

La anorexia y la bulimia son dos de las enfermedades más comunes entre las mujeres adolescentes. Descubrimos el papel del ejercicio en el tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA).

-Mire las piernas de la chica que sale en esta revista. 

-Las veo

-Quiero esas piernas, me cueste lo que me cueste… Las quiero. ¿Puede ayudarme a conseguirlas?

Esta conversación es real. Tuvo lugar hace unos años en mi centro de entrenamiento, supuso un antes y un después. La persona que quería las piernas de aquella famosa modelo era una chica de unos 18-20 años, delgada. Venía acompañada de su madre.

“Oiga, mire…  Si la niña no está agusto con sus piernas… ¿Tendremos que ayudarla, no? Hemos probado con batidos. Fíjese las dos estuvimos una temporada comiendo una vez al día, haciendo mucho ejercicio. Seguimos con las piernas grandes y claro, no nos gustan”

El saco de culpa es grande: Medios de Comunicación que nos inundan de titulares trampa, nos venden ideales de belleza. Nos dicen que para ser felices hay que cumplir ciertos cánones; Publicidad, redes sociales, influencers, el escaso control de las webs pro Ana (anorexia) y pro Mia (bulimia).. Y un largo etcétera ayudan.

Si todas las energías que se gastan en promover la operación bikini, se invirtieran en educar a nivel nutricional en promover hábitos de vida saludables a la población, se evitarían muchos trastornos de la conducta alimentaria (TCA).

En EE UU la anorexia nerviosa supone ya la tercera enfermedad crónica más frecuente entre mujeres adolescentes, después de la obesidad y el asma. En España, se estima que una de cada 100 adolescentes padece anorexia nerviosa y cuatro de cada 100 bulimia nerviosa, según Cruz Roja.

Me he encontrado con casos de personas que sufrían discapacidad física, más preocupadas por su peso que por su movilidad y funcionalidad. Con padres peligrosos que apoyan el gobierno de la “dictadura de la báscula”. No sé si motivados por una supuesta “infelicidad” de sus hijos o por una insatisfacción propia volcada hacia las personas que tienen más cerca.

Entrenamiento, Anorexia y Bulimia

La malnutrición que presentan muchas personas que padecen trastornos de la conducta alimentaria (TCA) conlleva diferentes problemas de salud, entre ellos atrofia muscular, déficit de fuerza y disminución de la densidad mineral ósea (Guerrero, Olivares, Pereira et al. 2006).

El estudio Efectos de un Programa de Entrenamiento de Fuerza sobre la Condición Física y la Calidad de Vida en Pacientes con Anorexia Nerviosa Restrictiva (2013) llevado a cabo por la Universidad Europea y el Hospital Niño Jesús de Madrid ha probado que la aplicación de un programa de entrenamiento de fuerza supervisado en pacientes con Anorexia Nerviosa es seguro, no altera el IMC y además, mejora la fuerza muscular y la calidad de vida de las afectadas por esta patología.

Sin embargo, la literatura científica arroja resultados contradictorios en cuanto a si la práctica deportiva es un factor protector o de riesgo para los trastornos de la conducta alimentaria. Un factor de riesgo podría ser la compulsión para hacer ejercicio (Goodwin H, Haycraft E & Meyer C. 2016).

A veces todo lo que no lloramos, lo comemos; a veces todo lo que no nos queremos, lo disfrazamos de “falso objetivo” y caemos en esta peligrosa trampa que comienza por pretender ser otro.  Con mis clientes he aprendido que nuestras relaciones con la comida son una proyección de nuestra relación con nosotros mismos. El ejercicio puede ayudarnos a mejorar ese vinculo, si se lleva a cabo en el entorno adecuado y caemos en las manos correctas. Se ha encontrado una relación entre excesivo ejercicio físico y trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Esta asociación ha sido el resultado de la presión social, pero también de los riesgos de algunos deportes específicos incluyendo la presión de los entrenadores y una mayor atención al cuerpo (Goodwin H, Haycraft E & Meyer C. 2016). Siempre he pensado que no existe la figura de el mejor entrenador, existe «el mejor entrenador para ti».

Ambientes «fit» y trastornos de la conducta alimentaria

No me gusta el ambiente de algunos gimnasios, no me identifico con las personas que van enseñando abdomen como reclamo en una sala de entrenamiento,  no defiendo el «no pain, no gain», ni los métodos con nombre propio; para mi lo que vale es la ciencia y la salud en chandal. Si en algún momento de nuestra vida perdemos la consciencia corporal, algunos lugares pueden despistarnos aún más, desviarnos y hacernos el camino más cuesta arriba. 

Nunca tendré palabras suficientes para agradecer a los endocrinos Marcos Sopena y Carlos Sánchez, al nutricionista Julio Basulto, o al pediatra Carlos Casabona, el trabajo que hacen enseñando a comer a la población. Evitan que aparezcan los trastornos de la conducta alimentaria, luchan por  frenar los posibles casos a través de cada foro de divulgación.

El trabajo holístico endocrino / nutricionista / psicólogos / entrenador / familia me parece algo clave para prevenir y frenar los Trastornos de la Conducta Alimentaria. Un paciente debería hacer ejercicio cuando el psicólogo y el resto de profesionales sanitarios lo consideren, una vez haya sido capaz de aumentar su ingesta calórica o tenga una alimentación más ordenada. El ejercicio posibilita a las personas con esta enfermedad contar con una herramienta para una vida sana (Cook BJ1, Wonderlich SA, Mitchell JE, Thompson R, Sherman R, McCallum K, 2016).

Adolescentes y trastornos de la conducta alimentaria

Para mi no hay mayor orgullo que un cliente me traiga a su hijo/a adolescente para que le entrene. Significa mucho y siento una gran responsabilidad. Cuando mis chavales llegan hacemos ejercicio con un objetivo: divertirnos. En medio de mis sesiones, analizamos revistas, me cuentan qué les preocupa, qué escuchan o leen, qué hacen sus amigos. Siempre con la ciencia en la mano, acabamos desmontando titulares engañosos. Nos olvidándonos de aquella inseguridad efímera, momentánea, que inicialmente les llevó a comenzar los entrenamientos. 

Me sucede lo mismo con mis clientes más mayores. Quiero que disfruten del ejercicio, que les sirva para aprender a escuchar su cuerpo. Quiero que  conozcan sus cartas,  que las acepten y las jueguen lo mejor posible.

Si queréis saber cómo terminó la historia con la que he empezado este artículo… Aquella chica no entrenó en mi centro al recibir mi respuesta… “No entrenamos objetivos que estén fuera de los márgenes de la salud”. El ejercicio debe ser una herramienta que nos sirva para hacer las paces con nuestro cuerpo, conocerlo y cuidarlo. No una excusa para “quemar las calorías que he ingerido de más”. El ejercicio no debe servir para fomentar el apego a la dictadura de la báscula. No debe minar nuestra autoestima estableciendo comparaciones cuerpo a cuerpo. La actividad física es salud, no fotos de revista.

TRABAJAR CON TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA

Por Gema García, Coordinadora Clínica del Centro TITCA.

Twitter: @gemapsico

Facebook: Psicóloga Gema García

Web: www.titca-trastornosalimentarios.com

Cuando un paciente con un trastorno de la conducta alimentaria llega a consulta, casi siempre tiene una relación insana con el ejercicio físico. En algunos casos por exceso, y en otros por defecto. Y como siempre ocurre, ninguno  de los extremos es sano ni deseable.

El trabajo en equipo es fundamental para abordar con éxito problemas tan complejos y multidimensionales como son los trastornos alimentarios y sin duda, el papel de un entrenador físico que pueda acompañarles en el camino de hacer las paces con su cuerpo y con el ejercicio es de gran ayuda.

Tres puntos para trabajar con trastornos de la conducta alimentaria

1.- Trabaja en equipo. Puede ser que ya formes parte de un equipo interdisciplinar que trabaja con Trastornos Alimentarios. Puede que la persona llegue a ti de forma independiente. En este último caso, es muy importante que te pongas en contacto con el resto de profesionales que la llevan. En los momentos iniciales del tratamiento el ejercicio físico puede estar contraindicado. Es fundamental coordinar objetivos individualizados y ajustados al momento del proceso en el que se encuentra esa persona. 

2.- Recuerda que su cuerpo no es su problema (si tú no lo tienes claro,  es fácil que en algún momento caigas en la trampa porque créeme, se van  a poner insistentes). Las personas con Trastornos de la Conducta Alimentaria tienen alteraciones de la imagen corporal (perciben su cuerpo de forma distorsionada. Generalmente mucho más grande de lo que es). Además les acompaña la creencia de que si cambian su cuerpo todo cambiará en su vida… Y «mágicamente» las cosas mejorarán. También los pensamientos negativos (y completamente autodestructivos) acerca de su cuerpo revolotean en su cabeza de forma obsesiva. 

Es fundamental que le  transmitas todos los valores del ejercicio físico que van más allá de  cambiar el cuerpo. Nunca pongáis como meta un peso. Que pueda redescubrir y reconectarse con sensaciones  agradables relacionadas con su cuerpo.  Acompáñale en el proceso de autoaceptación ajustando sus expectativas, aceptarse es la meta, no ser alguien que no es.

3.- Presta atención a las conductas compulsivas y ajusta el nivel de exigencia. Las personas con Trastornos Alimentarios en ocasiones utilizan un mecanismo llamado «racionalización”; se dan argumentos aparentemente racionales y válidos para justificar una  conducta enferma. La mayoría de las veces son tan elaborados, que pueden llegar a convencerte si no estás atento. La actividad física compulsiva les ha servido como mecanismo de compensación de la comida (hasta el punto de llegar a correr o subir escaleras tras cada bocado). Es fácil que en momentos en los que sientan culpa o miedo intenten volver a usar el ejercicio como compensación. Puede que te intenten convencer de que hay un buen motivo para ello. No olvides que vas a trabajar con perfilesperfeccionistas y muy exigentes, son personas que tienden a exigirse más allá de lo adecuado/necesario/posible.

Es mejor que sea el equipo quien decida cuál es la actividad física adecuada para esa persona en ese momento e ir  dejándole decidir cuando su concepción del ejercicio sea más sana y esté más preparada para ello. Si le damos la responsabilidad de tomar decisiones sobre su actividad física demasiado rápido es posible que se  les vaya de las manos.

Sara Tabares es entrenador personal en Valencia, periodista y directora de PERFORMA Entrenadores Personales. Puedes leer el resto de sus artículos aquí.
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